¿Qué me está pasando?”
Si has llegado hasta aquí, probablemente hay algo en tu vida sexual que te está inquietando.
Quizá en algún momento has notado que pierdes la erección o que te cuesta mantenerla durante una relación sexual. Puede que haya pasado una vez y lo dejaste pasar. Pero cuando se repite, es difícil no empezar a darle vueltas.
Empiezan a aparecer preguntas:
¿Por qué me pasa esto?
¿Es algo físico o psicológico?
¿Le pasa a más hombres?
¿Y si vuelve a ocurrir la próxima vez?
Y junto a esas preguntas, suelen aparecer también otras sensaciones: preocupación, frustración, incluso vergüenza.
La sexualidad sigue siendo un tema del que cuesta hablar con naturalidad, así que muchas veces intentas entender lo que está pasando por tu cuenta antes de plantearte pedir ayuda.
Cuando la disfunción eréctil tiene causas psicológicas
La disfunción eréctil se refiere a la dificultad persistente para conseguir o mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria.
Pero hay algo importante que conviene tener claro:
que en un momento puntual no haya erección no significa necesariamente que exista un problema.
El cansancio, el estrés, el alcohol o una situación emocional concreta pueden afectar a la respuesta sexual en cualquier persona.
Cuando la dificultad empieza a repetirse, entonces sí puede tener sentido mirar un poco más allá.
En estos casos, hablamos de disfunción eréctil de origen psicológico (o psicógeno). Es decir, el cuerpo tiene la capacidad de responder, pero hay factores emocionales, cognitivos o relacionales que están interfiriendo en ese momento.
Factores psicológicos que pueden influir en la erección
La respuesta sexual no depende solo del cuerpo. Está profundamente conectada con cómo te sientes, cómo piensas y qué está ocurriendo en tu vida.
Algunos de los factores más habituales son:
Ansiedad de rendimiento
Después de una experiencia en la que algo no ha ido como esperabas, es fácil que empieces a estar pendiente de si “va a funcionar” o no.
Sin darte cuenta, el foco deja de estar en el encuentro y pasa a estar en el control.
Y cuando el sexo se convierte en algo que hay que demostrar o “hacer bien”, el cuerpo suele responder con más dificultad.
Estrés y carga mental
Cuando estás preocupado, cansado o saturado, tu sistema nervioso no está orientado al placer, sino a resolver lo urgente.
En ese estado, la excitación sexual no siempre encuentra espacio.
Inseguridad o miedo al juicio
Puede aparecer el miedo a decepcionar a la pareja o a que lo que ocurre se interprete como falta de deseo.
Esa presión, aunque no se diga en voz alta, pesa.
Y el cuerpo lo nota.
Dificultades en la relación de pareja
La sexualidad no ocurre aislada.
Los conflictos no resueltos, la distancia emocional o las dificultades de comunicación pueden influir directamente en cómo se vive el encuentro sexual.